diciembre 2

Soy así y, a mi edad, ya no puedo cambiar

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¿Te suena esta frase?

Últimamente la escucho mucho.

Cada vez que la escucho hay algo dentro de mí que se enciende y salta como un resorte.

Igual es porque, durante muchos años, yo misma me la creía.

Ahora ya no. Ahora me niego. Ahora no puedo estar más en desacuerdo.

Creo, firmemente, en que podemos cambiar hasta el último momento de nuestras vidas.

«Mientras hay vida hay esperanza», es otra frase que he oído mucho

Y si hay esperanza, la esperanza es en algo, en alguna posibilidad.

La posibilidad de que algo cambie, mute, la posibilidad de un «milagro», de que surja la magia, lo que sea, pero posibilidad de cambio, al fin y al cabo

Si no, la esperanza ¿en qué, concretamente?

Me da que la frase de marras es una excusa para evitar movernos, para evitar la incomodidad que supone el hacer algo distinto.

Lo entiendo, no creas que no.

La cuestión es que yo, ahora, en este momento de mi vida, si pienso en mantener los patrones, los comportamientos, las mismas cosas durante 20 años más en mi vida, sufro un vahído considerable, casi rozando el colapso.

No soporto la idea de mantener mis patrones, mis limitaciones, los comportamientos que no me gustan y abandonarme a la idea de que el cambio es imposible.

Si así fuera, yo me bajo de este tren llamado vida porque el viaje ya no tendría sentido.

Que bajen el telón de esta función porque ya nos sabemos la trama y el final.

Sería como el día de la marmota: un bucle sin sentido, predecible y anodino.

¿Acaso no es justo la emoción de que algo suceda lo que nos da la ilusión?

Habrá mucha gente que pensará lo contrario, que justo lo que desea es que todo se quede como está, que nada se mueva, que pueda saber exactamente lo que va a suceder en cada momento.

Lo entiendo, yo también estuve ahí porque me daba mucho vértigo el cambio ( y, sinceramente, muchas veces me veo ahí, de nuevo).

Sin embargo, el cambio es inevitable.

Somos vida, somos Naturaleza, y si hay algo cierto en la Naturaleza es el propio cambio.

Querer negar nuestra Naturaleza y, por tanto, dar la espalda al cambio, es iluso e incluso, diría, infantil.

Sé que, hoy, lo que escribo duele. Incluso me duele a mí.

Pero no puedo dejar de decirlo, no puedo dejar de saltar cada vez que escucho que «soy así y ya no puedo cambiar».

Se puede, la cuestión es si quieres.

Solo eso.

No digo que el camino sea fácil, ni mucho menos, pero si quieres hacer cambios en tu vida, en tu forma de ser, en tu forma de relacionarte con el mundo, porque hay cosas que no te hacen bien, solo hay un camino:

Ponerte manos a la obra y empezar a hacer cambios, sutiles, paso a paso, pero constantes.

Si aprendiste a ser y comportarte de una manera seguro que no fue de la noche a la mañana. Llevas toda tu vida en ese camino.

Por eso, no pretendas que los cambios sean rápidos, solo ten claro el tipo de Ser que quieres ser y, día a día, practica en este gimnasio que es la Vida.

Tómalo con paciencia, tómalo con ilusión, tómalo con amor hacia ti, aprendiendo en el camino, practicando día a día.

Te dejo esta reflexión, por si te resuena:

Si haces un pequeño cambio hoy y lo mantienes todos los días, ¿quién serás dentro de un año?

Igual te sorprendes.

De verdad, de corazón, que me encantaría que me lo contaras.

P.D.: Como ves, hoy no hay ni fotos ni nada. Solo hay letras. Solo hay todo lo que siento. En estas líneas lo expreso como me sale porque, a veces, las letras me salen a borbotones y no puedo pararlas.


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atreverse, Cambio


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