diciembre 16

¿Te atreves a amar tu sombra?

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Escuchaba el otro día que «las personas con más oscuridad son las que tienen más luz que aportar al mundo (en el caso de que atraviesen esa oscuridad)».

Esto me dejó pensando:

¿Cuántas veces hemos escondido nuestras sombras, nuestra oscuridad, nuestras «miserias» (lo que no nos gusta de nosotros) al mundo, porque es inadecuado?

Porque nos han dicho que eso no se enseña, porque no solo no se enseña sino que además es malo tenerlo y, por eso, nos afanamos en esconderlo, escrupulosamente, debajo de la alfombra.

Esto me ha recordado una anécdota familiar de mi infancia:

La gran campanada

Cuando era pequeña, no recuerdo la edad, cenábamos en Nochevieja en casa de una de mis tías. Llegaron las uvas, me las iba comiendo y al final se me hizo una bola que no podía tragar.

No sabía qué hacer y me pareció la mejor de las ideas echar esa pasta de uvas debajo de la alfombra, bien tapadito. (Ya imagino tu cara como una mezcla de asco y sorpresa).

Me quedé tan a gusto, me había liberado….o eso creía.

Días después mi tía descubrió mi escondrijo (supongo que por desprender olor, aparecer mancha, ¡quién sabe!) y, digamos, que no le hizo mucha gracia.

Aunque creí que me había librado y tuve una sensación de liberación temporal, la realidad es que estaba ahí, solo escondida y apareció cuando ya no pensaba en ello y tuvo consecuencias, vaya si las tuvo.

El caso es que igual que esas uvas no desaparecieron, la sombra tampoco.

La sombra está ahí debajo de la alfombra para cuando menos lo esperemos salir en forma de mancha, de hedor, de podredumbre y atufarlo todo.

Y ¿cómo hacer?

Aquí viene el reto.

Lo primero ver tu sombra, hacerle hueco y verla como una parte tuya.

No hace falta mostrarla pero sí aceptar que la tienes.

En la anécdota de las uvas: ¿Y si hubiera aceptado que no podía tragar las uvas, aceptado las consecuencias y lo hubiera tirado a la basura? Igual hubiera sido un momento incómodo, seguro, pero hubiera quedado en ese momento, sin más. ¿Quién sabe?

«Lo que niegas, te somete. Lo que aceptas te transforma»

Carl Gustav Jung

Como ejemplo, te invito a ver este documental.

Yo, por mi parte, estoy en mi camino. A veces con más luces y otras con más sombras, aceptando que todo forma parte del camino (aunque no te negaré que el camino es empinado, tiene obstáculos, zarzas, sudas y salen heridas en los pies…).

No siempre es fácil, no te diré lo contrario, pero lo que sí tengo claro es que, para mí, es el camino para ganar en libertad y amarme, sin condiciones.

El camino se alargará, igual toda la vida, pero espero que cada vez vaya siendo menos pedregoso y quizás pueda verlo como una excursión y una aventura (ahora que lo escribo, igual esa es la clave, ¡justo esa! AVENTURA)

Ahora te lanzo estas preguntas para que puedas darles una pensada:

  • ¿Qué partes de ti son aquellas que «ni loca» amarías?

Igual esas partes son las que más atención y amor por tu parte necesitan….

  • Si amaras todas tus partes, ¿qué efecto positivo tendría en tu vida?

Sigo caminando, como tú, paso a paso.

Te leo en mi camino, entre luces y sombras.


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amartusombra, ámatesincondiciones, sombra


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