Si, como yo, llevas años escuchando sobre el propósito, buscando y buscando qué es aquello a lo que has venido a este mundo, pues tengo que decirte….Aún no lo sé.
En esto del propósito no puedo ayudarte, más bien no quiero. ¡Ahí lo dejo!
La cuestión es que la búsqueda del propósito me produce ansiedad, fatiga, mal rollo, llámalocomoquieras. He decidido que no busco más el propósito. ¡Ea!
Lo que sí estoy empeñada, en mí misma y en lxs demás, es en encontrar y potenciar aquello que hace que te brillen los ojos.
Sí, aquello que cuando lo hablas, cuando lo haces, cuando lo piensas, desencadena dentro de ti una corriente de energía que hace que te pongas «nerviosa», como cuando quedas con alguien que te gusta, ¡vaya!. Eso que hace que tus ojos se enciendan, eso que hace que tu cuerpo tenga más energía, más brío, más «ese no se qua», ¡ja!
Pues esa es mi obsesión ahora. Probar en mí primero y, desde ahí, llevarlo, en este caso, a ti que me estás leyendo.
Y te preguntarás que cómo, ¿no?
Pues ahí está la gracia, porque lo iremos descubriendo paso a paso, día a día, profundizando en ti.

Porque, sí amiga, lo primerito que vas a hacer es bucear, pero no en la playa que imaginas, vamos a bucear en TU PLAYA. Esa playa que, aunque sabes que siempre está ahí, a tu disposición, muy poquitas veces te has atrevido a visitar. Hay mil razones, seguro, pero aunque te de un poco de susto y prefieras ir a otras playas, la primera que has de conocer es la tuya.
Un camino de esos que han sido poco transitados, no hay un camino creado y despejado por otras manos y otros pies, solo los tuyos son los que van a caminarlo.
El camino, te aseguro, puede ser largo, puede asustar e inquietar pero aguardan en él tantas aventuras, sorpresas y tanta belleza que, ten por seguro, que traerá los frutos que nunca imaginaste que traería: TU BRILLO, no solo en tus ojos sino en todo tu ser.
¿Te vienes? ¡Déjame un SÍ, con mayúsculas!